Despiertas un día y sólo piensas en tu posible alegría al camino lleno de grietas. Es una satisfacción emocionante. Hace que el paso sea más ligero y firme.
Pero, termina el minuto y regresas a esa realidad. Te das cuenta que no solo eres tu, sino también, las personas a tu alrededor. Volver a sentir ese vacío y darte cuenta que, es mejor retroceder, antes de dar ese paso firme a la vida.
Todos pasamos por momentos muy complicados, llenos de confusiones y emociones que imaginan un solución a ello. Pero, recuerda que tu felicidad, no puede ser la tristeza de alguien o puede causar algún cambio a otras personas. Debe ser una toma de decisiones coherente y llena de inteligencia emocional, para que puedas seguir esa meta, esa expectativa de la vida.
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